Los orígenes del cine: EL CINE MUDO

Antes de empezar a tratar el tema del cine mudo, me gustaría destacar que en esta etapa, como en todas las que le siguen y le quedan al cine, siempre ha estado muy ligado al contexto social. Todo cuanto ocurre a su alrededor o en su interior (tanto aspectos técnicos como contenidos), está fuertemente ligado a la situación dada y no se puede separar de ella.

Buster keaton the general

Imagen de "El maquinista de la General" (Buster Keaton, 1926)

Cuando comienza el cine, las personas quedan fascinadas ante él, pero como toda novedad, lo que nos interesa es disfrutarla en el momento y no nos paramos a pensar en las repercusiones que a largo plazo tendrán. Esto fue un gran error, pues no le daban importancia ni a su conservación, ni a su origen… Fue una disciplina muy olvidada hasta que llegó su centenario y se empezó a investigar.

Desde la distancia, aunque se hayan conservado algunos documentos fiables y algunos trozos de película (digo trozos porque muy pocas se conservan enteras y menos aún en buen estado), la historia no se ve de la misma forma, siempre acabará siendo una interpretación del que la escribe. Y a estas alturas, es muy probable que jamás sepamos quien fue el pionero del cine, ya no sólo en España, sino también en otros países que tuvieron la suerte de manejarlo anteriormente.

Con lo que vemos, deberíamos pensar que cuanto más podamos recuperar, mejor. Es más, hay muchos profesionales dedicándose al tema, como pudimos ver con la película de José Buchs, “El dos de mayo. Pese a esto, y pese al engaño que sufrimos con las campañas de la “importancia en la recuperación de patrimonio”, a los que tienen el poder para financiarlas nunca les conviene hacerlo o lo hacen en momentos muy específicos en los que ven que van a sacar beneficios.

Este aspecto ya no sé si es por contexto o por qué razón, porque podríamos pensar que en la situación actual, con la crisis, es algo innecesario mientras funcione la sanidad, educación y seguridad social (otro tema a parte…). Pero aun así, desde mi punto de vista, por supuesto que es necesario que primordialmente funcione eso, pero no creo que la financiación a investigación y desarrollo perjudique nunca, es más, creo que podría ser una buena fuente para recuperar la economía (si el dinero que se gastaron en construcción, lo hubiesen invertido en I+D, en otra España viviríamos ahora).

Paréntesis aparte, y centrándome en el tema. Como he dicho, la financiación solo ocurre cuando sacan beneficios, al igual que utilizaban las películas como instrumento para reivindicar lo propio (el cine de autonomías), o, todo lo contrario, para no mostrar la realidad: cuando no interesaba se llevaba a cabo una manipulación increíble de fechas y datos importantes para ensalzar más los detalles que les hacían ganar poder (como ocurrió con “La salida de misa); o directamente se censuraban los contenidos (como hizo Primo de Rivera con El héroe de Cascorro) y años más tarde se estrenaban teniendo éxitos enormes (vuelvo a insistir, muy ligados al contexto); [y cuanto más éxitos, más “novelizaciones” de las películas].

Reflejado queda que el cine se ha usado siempre como sirviente de unos intereses, aunque es cierto que no vamos a generalizar porque hay de todo. Pero, normalmente, de donde viene el dinero vendrá tu inspiración, aunque es triste reconocerlo.

Por otro lado, y para seguir con esta afinidad al contexto, hablemos del contenido del cine mudo. Si había estancamiento económico, se reflejaba en la pantalla; si por ello había emigración a otros lugares, también se reflejaba (La aldea maldita). Y ya no sólo ficción, sino, sobre todo en Madrid, podíamos ver muchos de los sucesos de manera documental (pues era el centro del país donde ocurrían los grandes acontecimientos). Y, poco a poco, hasta llegó a surgir una mezcla entre ficción y documental, como vemos en El asesinato de Canalejas, donde nos cuentan un suceso real a través de imágenes documentales y la recreación del asesinato ficcionada por actores.

Otro aspecto que me llama mucho la atención de este período es el público del cine mudo, un público activo, que hablaba mientras transcurría la película, la comentaba, se reían, les ponían voces a los actores… Eso hoy en día es impensable, y que no te toque con alguien muy “quisquilloso” al lado que se queje hasta de que comes palomitas.

En mi opinión, creo que ambas partes tienen su lado positivo. El público del cine mudo era mucho más participativo en la película y creo que eso, para el que la ha creado, es algo muy satisfactorio, porque tienes la opción de interactuar con las personas que están viendo tu creación a través de ella misma.

Aunque por otro lado, y también desde mi perspectiva, me encanta escuchar los sonidos del cine y ver como los han ido aplicando y mezclando en cada escena y cada detalle, con lo que estaría bien primero hacer ese visionado interactivo y luego uno más en profundidad.

Siguiendo con el público, hay un aspecto que desde el período mudo a ahora no ha cambiado nada: los mecanismos de fidelización. En esta etapa, empezaron a surgir con la creación de los seriales, cuando había un protagonista con el que nos sentíamos identificados, queríamos seguir sabiendo más aventuras suyas y siempre teníamos que esperar a la siguiente edición para conocer qué suerte correría (aunque esto tiene su influencia en las revistas de la época). Como vemos, esto sigue siendo hoy en día igual, aunque es cierto que algunos lo consiguen más que otros. Depende mucho del carisma que le otorguemos a los personajes y en qué punto de giro nos dejen (porque hay algunos que hacen gracia y otros que son una tomadura de pelo). Lo que sí es cierto, es que ahora es más típico en la televisión que en el cine. Hay pocas segundas partes de películas que se vean con buenos ojos, aunque como todo, también tiene sus excepciones.

Ya para finalizar, me gustaría terminar diciendo que creo que se ha desaprovechado mucho el potencial de los grandes artistas que había, pues se podría haber creado una gran industria cinematográfica (y por tanto sus antagónicas vanguardias), porque la calidad así lo requería, y no supimos hacerlo. Y, queramos o no, eso va a dejar una huella permanente en nuestra historia, porque siempre acabamos viendo con malos ojos lo que es “más comercial” y resaltamos lo “independiente”. Mi conclusión es que nos falta mucho valor para arriesgarnos más, y que si lo hiciéramos, tanto cine como creadores como público, ganaríamos.

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