"HERO", Zhang Yimou - Análisis del Montaje

El montaje es una herramienta técnica de organización espacio-temporal cinematográfica, y Hero no sería lo que es sin el montaje que le caracteriza: dinámico, preciso y sin ningún elemento arbitrario.

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Podemos ver una construcción de microrrelatos dominados por unos cromas concretos: rojo (momento celos), azul (momento sacrificio) y blanco (momento pureza). No hay que olvidar también el microrrelato de la lucha con Cielo (en tonos blancos y negros), donde predominan las luchas del inconsciente. Todos ellos tienen como hilo conductor el color negro, el color imperial.

Cada episodio está narrado por la misma persona, por Sin Nombre, pero esto no quiere decir que posea los mismos puntos de vista. Éstos se van transformando a medida que avanza la historia: desde un punto favorable para el emperador, pasando por un punto que le amenaza, hasta un punto que le hace reflexionar y pensar que sería justo morir.

El montaje, además de herramienta técnica, tiene una función narrativa esencial. Pretende contarnos los acontecimientos de manera causal, pero también pretende que esa narración sea creativa.

No es una narración cronológica, ni sigue el MRI. Los acontecimientos están desordenados en relación al tiempo cero (“Hero es llevado ante el emperador”). Este desorden, que fragmenta el relato, está construido a través de flashbacks que pueden ser imaginarios o no, depende de lo que queramos creer. Puede que lo más lógico sea pensar que sólo el último es el real, pero no lo sabemos. En definitiva, dentro del montaje sintético, nos encontramos con un montaje paralelo, motivado por el protagonista, que nos muestra una serie de hechos que no son sincrónicos en el tiempo.

En cuanto a si es montaje interno o externo, pese a que la puesta en escena es increíble, está todo lleno de cortes que dan dinamismo a la acción y crean una estética de planos concreta: abundan los planos generales, sobre todo para mostrar los entornos, aunque también hay otros que nos acercan más a los personajes; en cuanto a la duración de los planos, por lo general son planos cortos (incluso algunos generales en los que no te da tiempo a apreciar todos los detalles); y por último, la movilidad de la cámara no destaca mucho, menos en las escenas de lucha que parecen sacadas del mundo de lo mágico.

En general, no es una película de estilo típico oriental. No es una narración pausada tan marcada, estás activo durante todo el film. También es por la corta duración de los planos mencionada anteriormente, que te hacen prestar atención a lo que viene en el corte siguiente.

En las escenas entre el emperador y Hero, según se van acercando el uno al otro en relación al número de pasos permisibles, también se va acercando más la cámara a los personajes. Cuando hablan, es una sucesión de plano/contraplano muy cerrado de cada personaje, que no nos deja ver prácticamente nada más del entorno. Ni si quiera tenemos referencia de un personaje cuando habla el otro. Hay en momentos, que por necesidad narrativa, sí que se abren más esos planos y nos dejan ver otros elementos, como las velas (de gran importancia expresiva) que dividen los espacios de ambos.

Hay otras escenas a destacar, como son las de lucha. Tienen muchos momentos sacados del inconsciente (que por tanto nos trasladan a otro espacio/tiempo dentro del montaje), que adquieren también otro color respecto al espacio real. Utilizan muchos planos ralentizados y destacan mucho los detalles. Es fundamental la música de cada momento y los juegos con el agua u otros elementos naturales. Crean un espacio idílico dentro de esa violencia que parece hasta bella. No nos asustamos de lo que vemos, es más, nos gusta ese juego o danza de lucha que llevan a cabo los personajes.

La escena del momento rojo, cuando Nieve mata a Espada Rota, al principio nos crea confusión pues no sabemos muy bien desde donde le ha clavado la espada. Luego veremos que hay una pared entre medias que nos divide la pantalla en dos: mitad del dolor y la debilidad, y mitad de la rabia y la ira.

La puesta en escena, el vestuario, los espacios, la fotografía, los personajes, la elección del plano preciso en el momento concreto… todo en su conjunto hace de Hero una obra de arte. Y de Zhang Yimou, lo que ya sabíamos que era: un maestro.

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